5 cosas que tienes que cambiar cuando tienes hijos

Karla Aimar

Habemus Baby: Karla Aimar

17 de mayo de 2015 07:00 pm

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Dile adiós a la vanidad y al lujo

Madre

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Mi hija es una bendición que incluye responsabilidades y gastos, cosa que  no se puede tapar con nada porque es cierto, es parte de ser madre. ¡Que cumpla con ellas con mucho amor son otros veinte pesos!

Este fin de semana mientras mi esposo trabajaba me encontré sola en la casa intentando hacer lo mismo que él, pero con la nena. La nena que corre y que cuando le digo “¡princesa, no, no se toca!”, me mira, me dice “no” con el dedito y ¡fua! pa’l piso! Acaba de cumplir un añito, obviamente, intentar trabajar con la chiquita en la casa es prácticamente misión imposible.

La cuestión es que en una de esas carreritas detrás de mi hija, me crucé con los espejos del pasillo y me miré las greñas. Las mismas greñas que me comenzaron a crecer luego de que se me cayera el pelo 4 meses posparto y no hay forma de domarlas. Están ahí, paradas, como si se hubieran electrocutado. En fin, era sábado y recordé que un día como ayer solía estar en el beauty “poniéndome linda”.

Acto seguido llegaron a mi mente varias otras modificaciones que hacemos las madres una vez tenemos hijos. Les comparto algunas de las mías a continuación, a ver si se identifican:

#1. Un stop al beauty: Al menos yo no pisé el salón de belleza durante los primeros 6-7 meses de vida de mi hija. Fue una combinación entre recuperación de cesárea, regreso al trabajo y creo que lo demás se resume en lactancia exclusiva. He ido recientemente pero ¿una vez al mes? Ya ni recuerdo. Sé que todas las visitas han sido por ocasiones especiales: San Valentín, mi cumpleaños, el cumpleaños de la nena y el Día de las Madres.

#2. Un nuevo dress code: Yo lo llamaba vestimenta “tetifriendly” y creo que se describe por si solo. Lacté a mi hija hasta los once meses y en muchas ocasiones tuve que descartar una pieza de ropa que realmente me gustaba porque no me permitía alimentar a mi hija cómodamente. Era sencillo: Si la teti no sale, la ropa se queda. Ahora tengo mucha ropa “tetifriendly” y cero tetis. Smile

#3. Uso del dinero: ¡Ah! Recuerdo aquellos días en los que iba a comprarme ropa y maquillaje sin sentimiento de culpa. La realidad es que sí me he vuelto a comprar ropa pero para las mismas ocasiones especiales que mencioné en el punto #1 (y Navidad).  Sin embargo, confieso que nunca he dejado de ser una niña en el interior y cada vez que me voy con mi hija a Toys-R-Us a comprarle lo que sea que necesite me lo disfruto inmensamente. Ella siempre sale con leche y un libro, pañales y un peluche, comida y tres piezas de ropa… ¡cosas así! 

#4. La casa desorganizada: Traté de suavizar la introducción de este punto, pero total, ¿para qué? La casa está desorganizada la mayor parte del tiempo. Antes me gustaba tener la casa limpia todos los días si era posible. Hoy, la realidad es otra. Mamá trabaja, papá trabaja, bebé corre. ¡No hay manera! Es más, pasemos al otro punto por favor.

#5. Preocupación constante: Ya sea dentro de la casa con mamá y papá o cuando la dejo cuidando con las abuelitas, siempre estoy pendiente de mi hija. Qué hace, si comió, si se echó algo del piso a la boca, vigilando que no tropiece con algo o que no meta el dedito donde no debe. Incluso cuando duerme le echo un ojito varias veces (si no es que yo me acosté a dormir con ella).

Creo que podría seguir con la lista aunque no todas las madres pasamos por las mismas experiencias. El punto de todo esto es que ayer, luego de recordar cómo era mi vida antes de ser madre, imaginé cómo sería mi vida ahora si no hubiese quedado embarazada. ¡Fue sumamente horrible!

Cuando nos convertimos en madres recibimos el mejor regalo del mundo y nace con él un amor tan grande que supera cualquier vanidad, cualquier lujo, cualquier cosa material.  Es cierto que a veces añoro hacer ciertas cosas que hacía antes, pero no me molesta no poder hacerlas ahora porque tengo una hija que depende de mí.  Ayer, en esas carreritas por la casa, no saben cuántas veces me reí con sus ocurrencias y cuántos besitos suda’os le robé.

Me refiero a ese amor, el más puro del mundo, que hace que todo pase a un segundo plano. ¡Lo demás, es bobería!

Lindo domingo, mamis.

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